Si ahora mismo alguien me preguntara si he cumplido mis sueños, sin lugar a dudas diría que no todos. Y seguro que alguno de esos que reproducen continuamente frases de tazas de desayuno como si fuera un mantra me diría: «Lucha por tus sueños y se cumplirán». No, Mr. Wonderful, no quiero que se cumplan mis sueños. Desde luego no todos. Cuando tenía seis años fabricaba «bombas» caseras en el sótano de mis padres con Cocacola y Petazetas. Quería ser química y pasarme el día entero en un laboratorio «investigando». Y no, ya no quiero fabricar bombas. En algún momento mi pequeño cerebro preadolescente decidió que debía dedicarme a otra cosa y mandé a la mierda un futuro prometedor en la industria de las armas de destrucción masiva (que se lo digan al sofá). Años después quise ser cantante, pero la adolescencia me trajo una voz de gato atropellado que no hay clases de canto que la arreglen (no, #Evapelazo, no todos podemos cantar, ni debemos). ¿Que con su poquito de autotune podría haberlo petado como Paulina Rubio? Claro, pero tengo un sentido del ridículo demasiado desarrollado para esos menesteres.

«Nunca es tarde para perseguir nuestros sueños», dice nuestra taza de desayuno con un aguacate con ojos y piernas. Y dale. Sí, es tarde, muy tarde. Desde que tuve esos sueños han pasado cosas, chato. La adolescencia, varios cambios de residencia, varios ex, una apendicitis, la discografía de Paulina Rubio, dos gatos, mi incapacidad de pasarme más de tres años en un mismo país, la discografía de Paulina Rubio, Harry Styles (si le cae una de mis bombas me mato), la separación de Take That, los trece Roland Garros de Nadal, una pandemia mundial, la discografía de Paulina Rubio…

Mandar a la mierda es bueno (aplicable a sueños, personas y excasi-algos), es sano y muchas veces se puede convertir en un revulsivo para conseguir lo que de verdad queremos, esos «nuevos sueños» e ilusiones que hemos creado con el tiempo. Que no venga ningún Djokovic a decirte que eres un débil por dejar atrás algo (o alguien) que ya no es una prioridad en tu vida. No, no le lances tus frustraciones a nadie y sigas como si nada hubiera pasado porque HA PASADO. Puedes mandarlo todo a la mierda. Debes. Por ti. Por tu salud mental.

A mí me gustaban los rubios y ahora los morenos con rizos, y todo por culpa de Henry Cavill. Tampoco es que quiera mandar a la mierda a los rubios, que las cuarentonas ya no nos podemos permitir el lujo de mandar a la mierda a ningún tío que ponga bien las tildes y sepa cocinar. Como si no sabe cocinar.

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